Todo lo que pueda escribir con la confianza que algo me pasará. La vida de un comediante no tan anónimo.
Wednesday, 9 November 2011
CON UN OJO ABIERTO
Saturday, 5 November 2011
CARTA A MI MISMO
Wednesday, 2 November 2011
SOY UNDERDOG

¿Quiénes somos realmente los UNDERDOGS? Seres normales, habitantes de las ciudades, de los pueblos, de los barrios, de cualquier lado. Somos los últimos de la fila, los últimos en levantar la mano, los estudiantes que pasaron desapercibidos en el bachillerato.
Los UNDERDOGS somos los que nos costó, por mucho tiempo, salir con alguien a ver una mugre película en cine. Y ese alguien, por supuesto, tenía que ser del género opuesto. Somos los débiles que temblamos ante los grandes.
Los UNDERDOGS somos los que nos asustamos esa vez que el loco de turno nos pidió una moneda, y en nuestro susto le dimos un billete de 20.000.
Los UNDERDOGS tenemos la buena fortuna de tener una familia numerosa, y no caber en la foto familiar.
Los UNDERDOGS nos mandan por el “mandado” porque el resto de la familia si tiene algo que hacer. Somos los que hacemos la fila para pedir el computador prestado. Somos los del “al gol entra” y nunca hacían gol.
Los UNDERDOGS jugábamos escondidas americanas y nadie nos encontraba. Somos los elegidos para contar en las escondidas normales. Somos los niños que pedimos pista para que nos dejaran jugar “rejo quemado”.
Los UNDERDOGS no aprendimos física, y en educación física éramos el mal ejemplo de la clase. Nuestro amigo secreto, siempre fue un secreto.
Los UNDERDOGS pasamos desapercibidos en los buses, no nos paran los taxis, las cámaras nos tienen miedo. No tenemos nada que contar.
Los UNDERDOGS somos sombras en la noche. Somos bulto en la multitud. Somos fantasmas en un mar de sabanas. Somos mutantes sin poderes, héroes adictos a la kriptonita.
Y los UNDERDOGS son los que tienen un poder tan áspero de cambiar todo lo que les pasa, … la vida le sonríe a un UNDERDOG...
Cuando un UNDERDOG aparece en la escena de este teatro llamado VIDA, es cuando esa fuerza poderosa aparece, haciendo quedar mal a los fuertes, dando un toque personal a la debilidad. Y a esa fuerza, la fuerza del UNDERDOG, yo la llamo DIOS.
Monday, 24 October 2011
Las Amas de Casa Desesperadas

Uno termina una función de comedia. La gente que le gustó saluda, regalan copas de alcohol que en mis días abstemios son derramadas sutilmente. Los que no saben, ni les agrado, salen corriendo y no pagan el cover. Y queda una mesa más por saludar. Las mujeres “mayorcitas” que se han escapado de sus maridos o de su pasado. Cinco mujeres sentadas en una mesa. Me llaman, me saludan, me piden un chiste más, “en exclusiva para ellas”. Algún chiste sobre maridos “cachoneados”, una especie de venganza con risa. No me lo sé porque no me sé sino tres chistes que detesto. Y me abren un espacio entre sus sillas, soy bienvenido a la mesa de las “Amas de casa desesperadas”.
Tengo la obligación de observar detalladamente todo lo que hacen. Lo que dicen e imaginar como eran cuando colegialas. Son amigas de toda la vida. Están recordando cuando se conocieron sin hijos y con esperanzas. Hoy ya no quieren saber de sus hijos, al menos por una noche. Quieren ser jóvenes una vez más… El tiempo es implacable, aunque sólo sea una ilusión. Levantan las copas y brindan por el “pollito” que les llegó a la mesa. Me preguntan la edad y se burlan… En este aquelarre improvisado soy la “presa que cayó en la olla”.
De ahora en adelante escuchó una y otra vez: “Quien ve al pollito…” El alcohol logra su cometido y soy el espectador sobrio del mejor show de mujeres mayores y borrachas. Una de ellas, al mejor estilo de Sharon Stone me cruza la pierna mostrándome su celulitis, pero su coquetería aún esta vigente. Otra me hace preguntas de cómo caerle a un “sardino”. Y si dice “sardino” creo que ella acabó de pasar los 40. Otra me dice que tiene mucho dinero y no tiene con quien gastarlo. Y una me confiesa que es “rechanchullera” y que le gusta meter cocaína al ritmo de la música llanera.
El Karaoke es la siguiente opción. Cada una agarra el micrófono con la emoción de una audición. Y piden sus canciones. Las que las hacen recordar los momentos tristes y a grito herido pueden expresar lo que sienten, lo que son después de cuarenta y tantos años de arrugas innecesarias, de cuidados precisos, de feminidad sosegada. Por un momento las veo jóvenes, el cuerpo es solo la cáscara de un alma encerrada y libre. Se abrazan, brindan con ron y se agarran sus anchas cinturas bailando un reggaeton.
Hora de irse. El cuento de la Cenicienta ya no importa. Se escabullen a seguir sus vidas. No se despiden, el “pollito” no era un gran conversador. La última de ellas agarra un taxi y le dice: por favor, a mi casa. Baja la ventana y me dice: “Aproveche que es joven… Pásela bueno “pollito”…”
Se fueron las señoras a las que suelo darle el puesto en un bus. Pero hoy eran las almas libres encerradas en esos cuerpos de mujeres grandes… desesperadas.
Monday, 17 October 2011
Bogotano, ochentero.
Bogotano, Ochentero
Ser bogotano es algo complicado. La búsqueda de las raíces autóctonas lo lleva a uno a preguntarse: ¿De donde vengo? ¿Por qué nací aquí en la UGLY CITY y no en París, donde se supone la cigüeña debió haberse quedado? Bogotá… ciudad horrible, pero usando un oxímoron, ciudad que se ama.
Los pocos recuerdos de mi caótica ciudad se remontan a un lugar donde mi mamá solía comprar tennis en promoción para sus tres hijos que estudiaban en la pública: San Victorino. Los negocios se ubicaban en la zona peatonal, los peatones caminábamos en la zona vehicular y los vehículos se movilizaban por donde pudieran.
Ser ochenteno en esa época era salir a jugar con el miedo a la leyenda urbana que a los niños algún loco “desparchado” los robaba y los convertía en salchichón cervecero. De ahí, la leyenda urbana de la uña de niño en un pedazo de salchichón.
Ir al centro era un poco peligroso ya que la ciudad colindaba con la desaparecida “Calle del Cartucho” perteneciente al Barrio Santa Inés. Agarrado de la mano de mi mamá (súper héroe defensora con arma mortal llamada tacón puntilla) me asomaba a ver un poco de esa calle. Desde esos días mi gusto por los zombies sería único.
Yo monté en “Trolley”. Un bus eléctrico y extinto, limpio, lento, arma trancones, pasaje a 50 pesos, cuya rememblanza con nuestro actual Transmilenio hizo pensar a muchos ancianos que los Trolleys habian vuelto del cementerio de chatarra.
Ser bogotano, ochentero me hizo criar con las películas de terror y verlas en un televisor TOSHIBA blanco y negro de carcaza roja con una especie de tubos de ensayo ubicados en la parte de atrás. Teníamos una antena improvisada con un gancho de ropa y era el perfecto roba señal para poder ver a tiempo las aventuras de Nopo y Gonta. Me considero un Toshibero, hoy esa marca permanece. No el televisor, destruido vilmente por una tía ofendida en venganza a mi progenitora.
Soy bogotano, ochentero. Los tiempos cambian. Pero los lunes festivos se siguen pareciendo a esa época fugaz, única, maravillosa. Si esto no fuera parte de un blog, sino parte de una serie de televisión, de fondo sonaría una canción de Los Beatles “With a Little Help from my friends”… pero en versión de Joe Cocker. Soy bogotano, ochentero, y hoy tengo nostalgia de la fealdad de mi ciudad.
Saturday, 8 October 2011
FE
Y mientras la tormenta se desataba en el pequeño lago, los doce cansados hombres clamaban al cielo por un milagro. De repente, a lo lejos, se ve la figura de un hombre que viene caminando sobre las aguas. Es Pedro el más osado que se atreve a proferir: -¡Si no eres un fantasma, manda que yo camine sobre las aguas hacia ti!- A lo lejos se escucha un grito: -¡Ven!-
Emocionado por que lo vean caminar sobre las aguas hacia su Señor, Pedro se lanza sin premeditaciones, ahogándose en lo más profundo del lago.
Desde ese día, los pescadores saben que nunca deben hacer caso a los juguetones fantasmas que caminan sin rumbo sobre las mansas aguas del lago.
Sunday, 24 July 2011
MALDITA GOMELERIA
Desde que empecé en este rudo arte de la comedia de a pie, siempre me he subido al escenario con una maldita premisa que me enseñó uno de los senseis de esta vaina, el viejito más enérgico que he conocido: Robert Nield. “Aquí vinimos a matar o ser asesinados boludo”. Y con ese miedo me subo. Esto es una guerra. No se que diablos decir, o como vaya a salir la vaina, o si en el público este escondido un critico de mierda que le haya perdido el gusto a la risa. Mi humor no es inteligente. Son simples cosas que me han pasado, es mas una catarsis insulsa que hace reír a varios, no a los más "inteligentes".
Definitivamente estoy a años luz de ser un excelente comediante. Ni sé como llegar a hacerlo. Aquí estamos, aquí vamos, peleando, luchando. Sólo quiero hacer una pequeña venganza contra los peores públicos a los que me he enfrentado. Y exponer una queja aciaga que será de valor incomprendido para el desocupado que se atreva a leer estas líneas. Los peores públicos. Existen. Se topan en el día menos esperado y lo dejan a uno de comediante tímido en estado de comediante frustrado.
Anhelo que un “carenalga” que es demasiado inteligente para reírse de las insulsas premisas, se pare en un escenario por un momento. Que diga algo de lo que posiblemente considera buen humor. Que sufra como muchos comediantes han sufrido. Que patine en la mierda, como muchos comediantes lo han hecho. Que su mente quede en blanco y sienta que se está ahogando en un mar de ojos enjuiciadores. ¡Que chupe!
Un último saludo de desprecio al público asqueroso que me he topado en este “Sendero de risas”. Gracias. Esa frustración que dejan con sus miradas culas, me reta. Sin esas caídas y esas criticas y esa escasez de “caja” sólo me queda una conclusión. Voy por buen camino. Un saludo al último público gomelo que tuvo la oportunidad de crear el silencio más incomodo que haya experimentado. Los veré de nuevo, y como el personaje de una historia corta de Jairo Aníbal Niño: Los mataré de la risa la próxima, tiranos del silencio.

